La técnica aún necesita perfeccionamiento si se quiere aplicar con seguridad y evitar efectos secundarios.
Redacción Doctor's Help
Ciudad de México a 5 enero, 2019
Redacción Doctor's Help
Ciudad de México a 5 enero, 2019

La historia de He Jiankui tiene todos los elementos de una película de ciencia ficción: un científico, un experimento secreto poco ético, tecnología que podría cambiar la biología del ser humano para siempre y una sociedad que no estaba preparada para el evento, describe Amapola Nava.

El 25 de noviembre de 2018, este científico chino anunció que había editado el genoma de varios embriones para hacerlos inmunes contra el VIH. Implantó dos de estos en el útero de una mujer y como resultado, dos niñas nacieron: Nana y Lulu, las primeras bebés en la historia cuyo ADN fue diseñado por otro ser humano.

Esta historia se hizo pública en un video y en la revista MIT Technology Review y desde un inicio sacudió a la comunidad científica. En estos medios, el científico dijo que para modificar el genoma de las gemelas utilizó una herramienta de edición genética llamada CRISPR, un sistema de proteínas que en la naturaleza ayuda a las bacterias a reconocer y cortar el ADN de los virus que las infectan para combatirlos.

Desde 2013, los científicos encontraron la forma de modificar este grupo de proteínas para que cortaran y pegaran secciones en el ADN de cualquier organismo. De hecho, a CRISPR también se le conoce como la “tijera genética” porque permite cortar secciones del genoma para eliminar un gen, pero también puede insertar nueva secuencias de ADN en el genoma o cambiar las que ya existen.

Jiankui utilizó esta tijera genética para inactivar un gen llamado CCR5 en los embriones que después se convirtieron en Lulu y Nana. Este gen produce una proteína en las células humanas que el virus del VIH utiliza para entrar a las células e infectarlas. De hecho, algunas personas, sobre todo en Europa, tienen una mutación que inhabilita este gen y los protege de contraer VIH.

También dijo que conoce el sufrimiento y la discriminación que enfrentan las personas con VIH y que al realizar lo que él llamó una cirugía genética, estaba dando un regalo a la sociedad.

“Una cirugía genética que puede salvar a un niño de una enfermedad genética letal, como la fibrosis quística, o de una infección que pone en riesgo la vida, como el VIH, no solo da a ese pequeño niño o niña igualdad de oportunidades para vivir una vida sana, también nos permite sanar a una familia entera”.

Pero las críticas a su experimento surgieron desde el primer instante. De hecho, especialistas en ética en diferentes partes del mundo han descrito su trabajo como algo “monstruoso” y como una “violación a los derechos humanos”.

Aunque nadie puede comprobar que las afirmaciones de He Jiankui sean ciertas, porque hizo todo el procedimiento en secreto, en la actualidad la tecnología necesaria para editar un genoma es tan accesible y está tan avanzada, que muchos científicos piensan que es cierto o que si no es cierto, es tan posible que se deben discutir cuanto antes las implicaciones éticas y sociales de la edición genética para poder regularla.

“Yo pensaría que a estas alturas ya no es relevante si fue cierto o no fue cierto lo que hizo, porque finalmente se ha aceptado que sucedió, y existe la técnica y la capacidad de hacerlo, entonces habrá que trabajar con esto como si se hubiera dado para lograr una reflexión ética”, opina el doctor Samuel Ponce de León Rosales, coordinador del Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Como respuesta a este suceso, se convocó a una Sesión Extraordinaria del Seminario Permanente de Bioética para discutir esta “emergencia bioética”. En él participaron como coordinadores Samuel Ponce de León y Alejandra Armenta, y como ponentes José Alberto Campillo Balderas, investigador del Laboratorio Origen de la Vida de la UNAM; Patricia Grether González y Gustavo Ortiz Millán, miembros del Colegio de Bioética A.C.; y Patricio Santillán Doherty, investigador del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias “Ismael Cosío Villegas” y presidente del Colegio de Bioética.

La ética de los bebés de diseño

Para llevar a cabo su experimento, Jiankui reclutó a varias parejas en las que el hombre era portador del virus del VIH, pero la mujer no; les dijo que estaba realizando una investigación para probar una “vacuna contra el VIH” y les explicó lo que haría con sus embriones.

En sus declaraciones afirma que le ofreció a una pareja que no podía tener hijos la posibilidad de formar una familia sana. Esto porque, hasta hace algunos años, a este tipo de parejas llamadas parejas discordantes, se les recomendaba no embarazarse, pues la madre y los hijos podían contagiarse de VIH a través del esperma del padre, explica Patricio Santillán.

Por lo pronto, He Jiankui fue condenado por gran parte de la comunidad académica y por su propio gobierno. En este momento, está desaparecido y la confidencialidad de Nana y Lulu se mantiene.

Pero en la actualidad existe una técnica llamada lavado de espermatozoides que elimina casi la totalidad del virus, esto combinado con la inyección de un solo espermatozoide al óvulo mediante fertilización in vitro, que reduce drásticamente la probabilidad de que el niño o la madre se infecten de VIH. Esta técnica fue la que el científico proporcionó a las parejas en su experimento, pero esto no se quedó solo ahí, también les ofreció modificar el ADN de sus embriones para volverlos resistentes al virus.

Sin embargo, He Jiankui no tenía razones suficientes para editar el ADN de los embriones porque, gracias al lavado de los espermatozoides, los embriones podían desarrollarse y nacer sin VIH, sin la necesidad de modificar su genoma, por lo que no los libró de una enfermedad, les hizo una mejora genética. Además, mostró un desinterés o un desconocimiento total de las cuestiones bioéticas, comenta Patricia Grether.

Durante la Segunda Reunión Internacional sobre Edición Genética en Humanos, a la que asistió dos días después de que anunciara el nacimiento de las gemelas en video, el científico chino explicó que analizó los embriones que se convertirían en Lulu y Nana, y encontró que en uno de ellos la edición genética sí había inactivado el gen CCR5 de manera correcta, pero que en el otro la edición no había sido completa, es decir, ese embrión tenía células en las que el gen fue inactivado pero otras en las que el gen seguía activo.

“Jiankui afirma que explicó a los padres que el procedimiento había funcionado en un embrión y en otro no a la perfección, y que les preguntó si aún así querían que los transfiriera y los padres dijeron que sí, así que ellos son responsables de lo que hubiera sucedido. Dice también en su carta de consentimiento informado que cualquier cosa que suceda después, él no es responsable porque los papás aceptaron el procedimiento”, señala Grether.

CONACYT