Gran parte de la degradación ambiental es atribuida a causas humanas como cambio de uso de suelo, incendios, ganadería, expansión urbana, entre otros factores.

La restauración ecológica es una actividad compleja que involucra regresar un ecosistema que se ha degradado, al estado en que se encontraba antes de sufrir daños. La idea de hacerlo a través de campañas de reforestación, en realidad no tiene un gran impacto en la persecución de ese objetivo, afirma el Doctor en Ciencias Biológicas, José Arnulfo Blanco García, profesor investigador de la Facultad de Biología y coordinador del Laboratorio de Restauración Ecológica de la Facultad de Biología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).

Sus investigaciones en torno a la restauración ecológica se plantean el objetivo de desmitificar a las reforestaciones como la panacea de la responsabilidad ambiental, y exponer que la restauración es un proceso de recuperación complejo, donde entran en juego muchos factores.

Este proyecto está financiado por el Fondo de Ciencia Básica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), y se enfoca en estudiar la adaptación del oyamel (Abies religiosa), que es una conífera arbórea, al cambio climático en la Reserva de la Biósfera de la Mariposa Monarca en el estado de Michoacán.

Mariposa Monarca

Para José Arnulfo Blanco García, la mariposa es el emblema de Michoacán debido a su belleza, a la magnificencia del fenómeno migratorio que realiza, así como por la representatividad de las condiciones climatológicas y ambientales de los bosques del oriente del estado que le permiten llegar cada año.

“Se trata del bosque de oyamel. Se distribuye en todo el país en sitios templados, altos, con una cantidad importante de humedad en el aire. Se caracteriza porque los árboles tienen una forma cónica y el follaje es de un color muy verde oscuro, formando paisajes muy estéticos. En Michoacán se da un fenómeno que pasa en muy pocos lugares: la formación de masas puras de este bosque, es decir, lugares donde solo hay oyamel. Para que eso suceda se debe estar entre tres mil y tres mil 300 metros de altitud sobre el nivel del mar”.

Cada año las mariposas viajan más de cuatro mil kilómetros de distancia para alejarse del crudo invierno de Canadá, señala el Doctor, ya que los bosques michoacanos les dan las condiciones microclimáticas para hibernar.

“Durante dos meses la Monarca se queda muy quieta. En los árboles se pueden ver racimos de color café formados por las mariposas, que están reposando y recuperándose del viaje. Cuando los días se hacen más largos en febrero, se vuelven activas. Se aparean, comen, empiezan a moverse. A finales de marzo se van, ponen huevos en el camino. Esto es muy interesante porque un ciclo de migración involucra varias generaciones de mariposas. Son generaciones que se van pasando la estafeta. A pesar de ser diferentes y no haber hecho el viaje nunca antes, llegan a los mismos lugares, y esa es la importancia de los bosques”.

Sin embargo, el cambio climático ha afectado también a los bosques de oyamel debido a su expansión acelerada, pues se manifiesta sobre todo en bosques húmedos. Mediante un trabajo conjunto con el Doctor Cuauhtémoc Sáenz Romero, investigador del Instituto de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IIAF), se realizó una modelación del cambio de temperatura que tendrán los bosques de oyamel del centro del país hasta 2090.

“El Doctor Cuauhtémoc obtuvo resultados muy preocupantes, pues proyecta que va a desaparecer el 95% de la superficie que necesita el oyamel para existir. Esto no se traduce en que el árbol se extinga, porque no sabemos cuáles serán los mecanismos de adaptación que lleve a cabo, pero sí dejan ver que se va a enfrentar a unas condiciones muy adversas que lo ponen en peligro”.

Es por eso que gran parte del trabajo de ambos investigadores se basa en estudiar cómo se puede adaptar este árbol para que resista condiciones como la sequía. Una de las estrategias que han utilizado es colocar en esos lugares genotipos que soportan la sequía, para que el oyamel no se vea tan vulnerado.

Menciona también que existen algunas plantas que genéticamente resisten más a la sequía porque contienen un aminoácido que se llama prolina, que se produce en condiciones de estrés. Por eso evalúan qué individuos y a qué altitudes se encuentran los más resistentes, para utilizar esas semillas y distribuirlas en los viveros.

Restauración pasiva

mariposa monarca

El Doctor Arnulfo Blanco, quien tiene 16 años dedicándose a los temas de restauración, señala que este es un ámbito relativamente joven en la biología, con el que se plantea buscar las mejores estrategias para la recuperación de un ecosistema hacia un estado similar al que se encontraba antes de degradarse.

“La restauración como disciplina científica es muy nueva. Cuando nació, se veía como una varita mágica que devolvería un ecosistema a como era antes de la degradación. Pero con el tiempo se ha visto que las experiencias de restauración no siempre son las mejores, porque implican un conjunto de complejidades: tipos de árboles, vegetación, clima que se modifica, relaciones entre organismos”.

Y explica que la degradación ambiental puede generarse por múltiples motivos, a veces se debe a factores naturales como erupciones volcánicas, como sucedió un tiempo por el volcán Paricutín. Pero en gran parte es atribuida a causas humanas como el cambio de uso de suelo, incendios, ganadería, expansión urbana, entre otros factores.

“Parte de nuestro trabajo es ayudar a que se reconozca que las reforestaciones por sí solas no siempre contribuyen a la restauración de un sitio, fracasan porque es frecuente la mortalidad de entre el 60% y 90% de los árboles. Se necesitan muchos recursos para llevarlas a cabo, pero no siempre funcionan porque se hacen con especies no aptas para la zona, se reforesta en temporadas inadecuadas, al final de la época de lluvias (en septiembre u octubre), o se ponen plantas muy pequeñas, entre otras causas. Ante tal panorama, hay una moda en la literatura científica internacional que propone dejar que los ecosistemas se regeneren solos realizando acciones de protección del sitio. A esta actividad se le conoce como restauración pasiva, e implica estrategias de mínima intervención para que la naturaleza haga el resto del trabajo”. 

Con su equipo de investigación evalúa la posibilidad de que los bosques de la mariposa se regeneren solos, en lugar de seguir realizando reforestaciones masivas, esto mediante la observación de la abundancia de plántulas de oyamel en el estrato inferior, cuántas de ellas sobreviven y alcanzan tallas mayores, y qué factores ambientales afectan positiva o negativamente este proceso.

Los resultados obtenidos indican un alto potencial de regeneración natural de estos bosques en la zona debido a una elevada abundancia de plántulas de oyamel; desgraciadamente un alto porcentaje muere en el primer año y la estructura del arbolado adulto y juvenil indica escaso reclutamiento en los últimos años.

Es más fácil y barato hacer una conservación, que una restauración

Uno de sus objetivos es buscar técnicas alternativas para que las acciones de  reforestación tengan mejores resultados.

“Una de las técnicas que se está utilizando es el nodricismo, que implica reforestar debajo de arbustos, ya que hoy en día pueden servir de protección ante los veranos secos y calurosos. Es un método muy eficiente, fácil de implementar, y lo comprobamos en un experimento donde plantamos la mitad de los oyameles expuestos directamente al sol y la otra mitad fue plantada debajo de arbustos. Los resultados arrojaron que los primeros tienen un 15% de posibilidad de supervivencia, comparados con los otros (el 80%). Esa es la ventaja que les da las reforestaciones”, afirma la Maestra Aglaen Carbajal Navarro, responsable del proyecto de investigación.

Una de las causas que complican tanto la restauración es el regreso de las especies que se fueron o comenzaron a extinguirse debido a la degradación.

“Normalmente se asume que los animales llegan solos conforme se vaya recuperando el sitio, pero no es del todo cierto, es importante ver el sistema de forma integral, con todos sus elementos; es algo muy difícil de lograr, pero se debe buscar. Gran parte de mi trayectoria he trabajado en sitios con alto grado de degradación, ahí es complicado hablar de restauración integral pero es verdad que debe intentarse, hacer grupos interdisciplinarios de investigadores para lograrlo”, concluye Arnulfo Blanco.

CONACYT